10 de gen. 2013

El inadaptado

Us recomanem la pel·lícula :"El inadaptado"

Sinopsis oficial
Andreas acaba de llegar a una ciudad extraña sin saber ni recordar cómo. Tiene trabajo, una casa e incluso esposa, pero algo no va bien. La gente que le rodea parece vacía y superficial, y sus intentos de escapar se verán abocados al fracaso. No hay salida. Andreas conoce a Hugo, que encuentra una grieta en una pared de su sótano de la que emana música hermosa. ¿Tal vez conduzca al otro lado?

El mundo (o infierno) que describe El inadaptado es gélido, aséptico, mortuorio. Los seres que lo habitan han perdido su capacidad de sorprenderse y emocionarse. Se han vuelto impermeables a la sangre, al dolor, a la muerte; ni siquiera los conmueve hallar un cadáver en la calle, perder un compañero de trabajo, o terminar una relación amorosa. Un mundo con humanos pero carente de humanidad, casi como aquel planteado en Los usurpadores de cuerpos por un nuevo orden extraterrestre. Un mundo que, parecen decirnos Jens Lien y su guionista, se parece cada vez más al mundo actual, ese que nos toca vivir día a día.
Andreas el protagonista del film llega allí luego de suicidarse (o querer suicidarse, lo mismo da) arrojándose a las vías del metro después de observar perturbadoramente durante un rato largo cómo una pareja se besa en la estación (como si se tratase de dos zombies rohmerianos). Lo transportan en un micro para él solo, que lo deposita a las puertas de una ciudad que lo recibe con un departamento, un empleo, la posibilidad de conocer mujeres y todo el paquete armado. Una vez ahí, le toca habitar espacios etéreos, compartir charlas intrascendentes con sus compañeros de oficina, cenar platos desprovistos de gusto y aroma, coger con su novia siempre en la posición misionera (vulgar y rutinaria si las hay). Y lo peor: soportar que toda la gente que lo rodea le manifieste insólitamente ser feliz bajo esas condiciones. Hasta que, pronto, se pudre.
La incapacidad de adaptación de Andreas, o su rebelión, surge ante las tendencias homogeneizadoras de estos tiempos (no por nada la estación de servicio donde lo esperan en el comienzo es marca "Standard"), que lo alcanzan todo: la arquitectura, las mercancías, las relaciones humanas. Por eso, durante el clímax del relato perseguirá el olor de un plato que sospecha artesanal, abundante, sabroso, único. La película nunca arroja hipótesis sobre el porqué de este estado de las cosas (a eso tal vez haya que indagarlo en otras, como el reciente documental Mondovino, que ahonda en la cuestión de la estandarización de la producción vitivinícola a partir del neoliberalismo y la globalización), pero sí ofrece una mirada melancólica sobre la necesidad de plantarse frente a esto. O de esquivar los tan temibles como presentes "da lo mismo" o "está todo bien" típicos de la posmodernidad.
Es cierto que lo que plantea El inadaptado no es ni muy original ni muy novedoso: su Andreas recuerda bastante a aquel Sam Lowry de Brazil de Terry William perdido entre tareas burocráticas y una sociedad indiferente, así como la imposibilidad de escaparse de su infierno pese a llegar al acto del suicidio hace pensar en el Bill Murray deHechizo del tiempo. Pero no por ello deja de ser interesante como parábola de lo que sucede en la actualidad; especialmente, con la vida en las ciudades. Y lo hace con coherencia: con actores que contagian la languidez necesaria a cada uno de sus personajes, con una iluminación que da la sensación de estar todo el tiempo dentro de una heladera, con una banda sonora que genera climas terroríficos (originalmente su guionista, Per Schreiner, concibió el texto como una pieza radiofónica de terror), con una cámara colocada siempre a la distancia prudencial.
Con todo eso Jens Lien tal vez no logra un plato copioso en matices, sabores y sensaciones como el que busca su protagonista (sin hallarlo nunca), o como el que parece anhelar su película para el mundo en que vivimos. Pero también es cierto que con medidos y escasos condimentos, como lo son sus escenas netamente surrealistas, su explicitud gore y su humor negro, redondea una receta que se diferencia de esos platos insípidos, inodoros e incoloros que nos suelen ofrecer rutinariamente todos los jueves.
Juan Schmidt  

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